Apostillas pre - PASO

 

El domingo 23, con escasa información para su programa – solo la detención del contador de los Kirchner y su aparatoso traslado al presidio de Marcos Paz- Luis Majul en su programa La Cornisa, produjo un extenso monólogo consistente en interrogantes que debería responder Cristina Fernández de Kirchner al periodismo sobre las múltiples causas en la cual está procesada. En fin, un resumen de sus presuntas irregularidades acontecidas en su gestión. Aducía que las hacía, dado que a esta altura del partido la ex presidente jamás respondería a la prensa tales cuestionamientos. Bah, un relato para los antik. Francamente resultaba tedioso hasta para éstos (me incluyo por ambos, aburrido y contrario a los K, ver aporte 50 ). Pensé que sería bueno para el dictador gobernante, cuando comenzara a encarcelar adictos al gobierno K, reiterar tal monólogo como tortura. Fuera del mal chiste, me intrigaría saber cuál sería la reacción de los partidarios cristinistas, que estén excluidos de cualquier interés material. Es decir, los puros e inmaculados (generalmente gente de bien), que vaya que los hay por doquier. Francamente no ven el programa de Majul, como sus adversarios no ven C5N, o cualquier otro afín al mismo. Así que olvidémoslo. Aún así no puedo dejar de describir los supuestos argumentos que utilizan los K para justificar su rechazo a los relatos antiK: uno valido, que la justicia será en definitiva quien decida sobre Cris y sus dirigentes. El otro, de cuarta, aduciendo que Macri es otro ladrón por siempre. El viejo recurso que cuando uno es acusado de algo, responder con otra posible tropelía del acusador, como si eso lo liberará de su culpa. Simplemente tendríamos dos culpables, sin eximirlos de las mismas… (patéticos y humanos).

En el 2014, un matrimonio que no veía hace muchísimos años nos invitó a cenar, vecinos de mi primera vivienda en el conurbano Oeste, rápidamente percibió mi desagrado sobre el gobierno, manifestándose K, resultando coherente su postura que si en minutos no se imponía su adhesión a su creencia, seria en vano continuar discrepando. Sabia actitud que tome como una manera de esquivar las inútiles discusiones sobre la famosa grieta que nos acompaña, aunque cero minutos (cuesta, pero es más saludable). Al presente, tal actitud ha sido generalizada por los programas periodísticos de los canales que adhieren a ese fervor antiK, que no excluyen las constantes macanas de Cambiemos. A los seguidores de Cristina los califican como integrantes de una secta, en este caso politica, aunque similar a la religiosa, que jamás alteraran sus convicciones. Generalmente, no es extraño que los hechos contrarios a determinado dogma produzca un cambio en el tiempo, pero difícilmente en lo inmediato. Cada sujeto construye a lo largo de su vida un marco referencial que lo guía en sus decisiones. Una construcción no conciente que evidentemente excede a sus capacidades racionales. En sí, somos seres emocionales que podemos razonar, pero lo primero es lo primero. Solo si se produce algún hecho que nos conmocione – un factor preponderante en nuestros cambios- podremos virar nuestra cosmovisión, trascendiendo e incluyendo la concepción politica. O simplemente madurar. Esto vale para ambos lados de la grieta.

Evidentemente los partidos políticos que representan a cada lado de tal supuesta grieta no son lo mismo. El ex Frente Para la Victoria – hoy Unión Ciudadana, restringido a la provincia de Buenos Aires- está conformado por la aludida secta, que implica una sumisión intelectual y de acción, a su indiscutida líder. El otro polo es muy variado. Cambiemos, la unión de tres fuerzas principales lejos de la homogeneidad pretendida/aspirada/necesaria, siendo el PRO el de mayor prominencia en sus votantes, con escaso poder territorial, limitado a la Capital que gobierna desde el 2007, con un buen margen de apoyo ciudadano en la misma (llegando casi al 50% de votos). Varios factores convergen en esta coalición: los antiperonistas de siempre, los despechados del otrora partido nacional, que no logran superar el 5%, luego del fracaso de la Alianza, y los que simplemente les resultaba detestable Cristina, por múltiples razones, como ser su excesivo personalismo, su falta de apego a las normas Republicanas ( léase la Carta Magna, nada menos), la confrontación transformando en enemigos a sus detractores, y la negación de sus evidentes yerros ( con el INDEC basta) o conductas anómalas que jamás enfrento. Incluye no dar conferencias de prensa, una falla comunicacional severa dado que debía responder a las demandas de sus ciudadanos, se sintiera cómoda o no, y más aún sobre las supuestas anomalías en su gobierno (me incluyó en este último grupo). Sumémosle a Cambiemos todo el poder detonador de Carrió, adalid de denuncias por siempre y hoy activadas en la justicia, que cajoneaba años a las mismas en pleno gobierno kirchnerista. Reiteramos que le da el sello republicano y de transparencia al PRO. Pero su suerte también está echada: sino ganan por una diferencia aceptable no valdrá su prédica personal, dado que se pondrá en tela de juicio su pretensión que ganaron en el 2015 por el Cambio, asociándose con quien tenía más votos que ofrecer, detonando a FA-UNEN. O por los grosísimos errores de Cristina (léase Scioli/Fernández, dado que la politica no es su fuerte).  Así tenemos a Carrió utilizando lo peor de la politica: azuzar con el cuco que si no nos votan Cristina no va presa (y de paso puede volver). O cuidando su distrito, menoscabando con chicanas a su rival (es un chico, 47 años) o para que vino de EE.UU. O amagar que siempre debatió pero no con quien del mismo frente… Y omitir las disputas con el PRO (“me prohibieron hablar de Majdalani en campaña”)…

En definitiva, no hay tal polarización en términos de otrora, como lo era PJ-UCR, que agrupaban casi la totalidad del electorado, con partidos no significativos en volumen. Podríamos afirmar que hay tres tercios definidos, y el independiente que definirá la elección legislativa de octubre. Las PASO se transformaran en una encuesta nacional, que determinara el futuro voto útil de octubre. Incógnitas: ¿Los votos de Randazzo a quien irán? ¿Los que no la quieren ver más a Cristina votaran a Massa, excluyéndola a la senaduría y sin fueros? O harán un mix, partiendo boleta con Ocaña a diputada? Dios dirá.


 

Gracias por su atención.

 

Francisco Alberto Scioscia                                                     

 Aportes e interrogantes ciudadanos, 063 julio de 2017.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                             

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